miércoles, 22 de junio de 2011

Hay que pensar en poner en marcha las nuevas ideas.

Oigo en un debate televisado anteayer a un portavoz del 15M decir que los ciudadanos estamos atomizados y dormidos entre dos discursos, derecho e izquierdo.  Cuando le preguntan cómo poner en marcha las ideas del 15M  (quizás el quid de la cuestión) responde que fuera de los partidos también  hay vida, que los partidos son esencia de la democracia,  aunque muchas veces dejen en evidencia su falta de democracia interna, y deben cambiar y asumir las nuevas realidades  . Pero muestra el camino -el método dice- y éste es la Asamblea ...Una periodista poco condescendiente con el portavoz y sus ideas, prueba dicha medicina asamblearia oyéndole decir en tono alto: "Ahora te callas tu, y no interrumpes, que hablo yo" . Eso de interrumpir esta muy bien en las tertulias políticas o el en Congreso de los Diputados , pero  las Asambleas no son un ping-pong.

Como me esperaba,  este tema de las resoluciones o métodos asamblearios,  deja desconcertados a casi todos. Quizás exhaustos, y descorazonados a muchos simpatizantes de la causa: sin conocimiento, nos suena a rollo hippy o a algo  peor. Un tertuliano de derechas le dice al portavoz, que lo que pide el 15M es lo mismo que pedía la izquierda hace tropecientos años, y en mi opinión no le falta razón. Lo que ha cambiado - y mucho- son las circunstancias y los medios.  Y el método asambleario, continúa, es el mismo rollo izquierdista de siempre , opinión normal para personas que como él, es de suponer que están  acostumbradas a unas jerarquías piramidales y a los nombramientos a dedo. La falta de líderes visibles  en el movimiento 15M, intuyo que también nos provoca a todos un efecto similar; cierto desconcierto...y espolea a otros a criticarlo.

Ya se le exige mucho a este movimiento 15M: en la medida en que la gente lo apoya, la sociedad le exigirá lo mejor de si... Los que no lo apoyan también tienen sus exigencias y una feroz crítica hacia ellos: son ya parte del tejido humano, de nuestra sociedad, interlocutores, en suma, aunque  no sepamos sus nombres y apellidos...

¿Que legitimidad tienen ustedes? Le preguntan. La que nos da la Asamblea, responde. La imagen del portavoz se me antoja muy mejorable. Nadie le escribe los discursos.   Las personas implicadas en el movimiento no son profesionales de la política, ni de la imagen, ni oradores, ni publicistas. A sus líderes, los partidos políticos les montan cursillos de voz y  de oratoria, o de gestualidad. Se esfuerzan por lograr que sus distinguidos pupilos sean empáticos con los ciudadanos, o al menos, con sus votantes...Y esto no sale gratis, ni mucho menos; más bien quitarle la sosera a Rajoy habrá costado un Potosí, y ni con esas, como comentaba el otro día  The Economist.

  Los indignados, por el contrario, proceden de diversos oficios, o son estudiantes, son parados o jubilados. Poco saben de discursos públicos,  mas allá de su instinto y de su férrea voluntad de comunicarse. Sin embargo,  sobre cualquiera de ellos recae ahora la responsabilidad de ponerle cara y corazón, pero también cabeza y temple, al movimiento.  Al no haber jerarquías, se diluyen sus  responsabilidades, si metieran la pata, por ejemplo. Pero los errores de cada portavoz si serán presentados como los errores de todo el movimiento. 

Para finalizar, un aparte. Amigos, hay algo que puede fortalecer el movimiento 15M, y  que creo que nadie ha reparado en ello. Algo que  muchos  políticos blanden a menudo para salvar sus culos, sus deslices, o meteduras de pata. Para mi su no presencia es un error, un  síntoma de algo, quizás de inmadurez, de un movimiento  neonato . Les diré el qué. ¡Falta la bandera española!.  La actual situación merece que todos la llevemos en nuestro corazón, pero también en las calles,  como símbolo de unidad, pues nuestro país es muy grande e importante, orgulloso de sus hijos (aunque no tanto de su muchas veces triste historia) y milenario. Lo digo desde la izquierda que me identifica. No debemos dejar que nuestra bandera sea un símbolo de  uno o dos partidos determinados. El mundo ahora nos observa: saquemos nuestras banderas, que representan nuestros éxitos, nuestras identidades tan diversas y nuestra voluntad de construir un futuro mejor.

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