Casimiro Curbelo, menuda tranca, dimitió de senador en plena resaca - sabedor de las malas intenciones de su partido- y se presta ahora a defender con ahínco su puestito de presidente de la Gomera, enjuagar lo que quede de su honor, y mantenerse de paso con curro, en su isla. Un lugar de pocas putas, idóneo para su rehabilitación.
Volver a ver la tierra y ponerse a escardar cebollas es duro para toda alma y pa´l lomo de cualquiera, aun para un hijo del campo como él, pero en mi opinión es una tarea muy terapéutica para curarse de diversas adicciones. No seré yo el que le anime a dimitir, ni lo pretendiera. Y él seguirá con su curro de presi pues tiene su alternativa propia: una santa rehabilitación que proporciona un buen Trabajo. 

Si encontraran moralina en mis palabras, será porque inconscientemente yo le envidio. Esa noche madrileña, él la comenzó por todo lo alto, tirando de marisquería de lujo. Luego de putas caras en una sauna. Siguió con la pretensión de pagar menos por determinados servicios. Eran tres triste tajados como tollos, Después, los tres no querían ni pagar, hasta que finalmente los largaron del puti. Su crio acababa de graduarse, y claro está, había que educarle en la importancia de levantarse a una tía por un ridículo precio...Y otras cosillas más, que después, hay que hacer frente a la vida y a quien se te cruce por el camino, aunque acabe uno liándose a mamporrazos mismamente con la pasma -y te obliguen a montar el numerito no saben ustedes con quien están hablando- para terminar al fin la función paterna (conocida hasta el momento), balbuceando ante los periodistas que está libre sin cargos. Un padrazo, Casimiro, y una lección que el hijo no olvidará ¡nunca!.
Casimiro y acompañantes me imagino que ni se inmutarían y después del percance continuarían apurando la noche hispana - ya te digo, mi cochina envidia- ¡con dos cojones!
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